Aquella mañana de invierno, fría, invitaba a ir por la calle con el cuerpo encorvado como buscando algún tipo de protección ante un tiempo inclemente. Parece mentira que con 16 años se pudiese llegar a sentir tanto malestar. Dicen, que los jóvenes no acusan demasiado ni el frío ni el calor, pero con semejante invierno... no importaba la edad.
Mi amiga Maria y yo salíamos de clase a las once en punto para compartir, un día más, la media hora que nos daban para el desayuno. La mayoría de nuestros compañeros de clase se refugiaban en la cafetería de enfrente para.../... Leer el relato completo